Morir despacio (Eladio Monroy 4). Alexis Ravelo.

Me hace especial ilusión comenzar esta sección de reseñas (que me he tomado la libertad de titular “Pájaros negros” porque quiero dar a conocer toda esa fauna alada que nos deleita con sus historias sobre las catacumbas del ser humano) con un escritor que considero debería estar en el Olimpo de los Dioses de la novela negra de este país. Entre tantos productos comerciales que no valen un pimiento, sagas repetitivas que estrujan la gallina de los huevos de oro hasta asfixiarla y argumentos pringosos por lo manidos, Alexis es un soplo de aire fresco.

Quizás sea el escritor más “negro” con el que me haya tropezado en mucho tiempo. Y no por su sempiterno moreno palmense, que buena envidia nos produce a algunos godos, sino porque sus novelas sacan a la luz todas las miserias de la sociedad actual, sin esconder nada. Y las desentierran desde abajo, desde los barrios, los personajes humildes que deambulan por sus novelas. Sin artificios.

Y sin duda su gran creación, su hijo más descollante es Eladio Monroy. Un tipo que a cada novela te va descubriendo que esa primera impresión de rufián de tres al cuarto está a años luz de la realidad. Sí, se mete en todos los charcos, y de algunos no sale bien parado, pero no es por pendenciero, sino porque tiene un arraigado sentimiento de la justicia social que hace que no pare hasta descubrir la verdad, por fea que esta sea, y caiga quien caiga. Pero además es un tipo cariñoso con los suyos, leal, y con un bagaje cultural que compone un personaje sin igual.

En Morir despacio (Mercurio Editorial, 2012) Eladio recibe un encargo de un padre desesperado que no se cree la versión oficial, que dictamina que su hijo se ha suicidado. El viejo marino mercante comienza a indagar en la vida del fallecido, así como en la de su amante, periodista de un medio local. Descubre que ambos se traían entre manos un reportaje que pondría en la picota a importantes empresarios y políticos de la isla de Gran Canaria. Y, cómo no, se sumerge hasta el fondo del asunto, para disgusto de su Gloria, que no quiere verle postrado de nuevo en la cama de un hospital, o vaya usted a saber en qué cajón de pino…

No soy muy fan de las sagas literarias, porque creo que, por regla general, pierden interés y frescura conforme se suceden las entregas. Pero en el caso de la serie del canario, no sólo no me han decepcionado las entregas posteriores a Tres funerales para Eladio Monroy, sino que cada una tiene algo nuevo, pequeños detalles sobre la personalidad del protagonista que refuerzan el apego que produce el señor Monroy.

Reconozco que aún no he leído todas las novelas de Alexis Ravelo, mea culpa. Quizás fue porque mi primer acercamiento al autor fue con una de sus obras más insulsas, La ceguera del cangrejo (Siruela, 2019). Pero un día decidí darle otra oportunidad, cuando cayó en mis manos un ejemplar de La estrategia del pequinés (Alrevés, 2013). Y me dejó extasiado, ojiplático, completamente pasmado. Es quizás una de las novelas más negras que he leído, llena de personajes perfectamente construidos. Seres sin futuro que tienen sueños. Y los sueños, no siempre acaban bien.

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